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Bicentenario: Actividad Económica de la Época

Desde el inicio del siglo XVII, el cultivo de añil había sido la base económica de la Intendencia de San Salvador.  Las plantaciones cubrían casi todo el territorio, y el tinte extraído era la principal exportación del Reino de Guatemala. Precisamente, San Salvador se había mantenido a la cabeza en su producción en los últimos 25 años del siglo XVIII.
La industria era controlada por una elite criolla conformada por españoles, criollos y ladinos, propietaria de considerables extensiones de tierra. Esta élite logró poder político y cohesión en la intendencia, gracias a que el añil también propició la integración de la hacienda como una importante unidad productiva. No obstante, también existía la participación de los pequeños productores o poquiteros (en su mayoría ladinos y mulatos) que rendían un estimado de dos tercios del monto total. Por otro lado, la actividad económica de este rubro incentivó la ganadería en Honduras, Nicaragua, y Costa Rica.
Sin embargo, la explotación del añil no beneficiaba a los indígenas, que proporcionaban su fuerza laboral a la industria. Sus mejores tierras habían sido despojadas para el cultivo, además, los hacendados disponían de su trabajo a través del repartimiento obligatorio, legalizado en 1784, a pesar de que estaba prohibida su ocupación en haciendas de añil desde el siglo XVI. Esto se debía a que el proceso de elaboración del tinte causaba muchas muertes entre los trabajadores, pues los obrajes eran focos de infección de enfermedades. Esas duras condiciones laborales ocasionaron la huida de los nativos a lugares aislados.
A mediados del siglo XVIII, la demanda de añil era creciente por parte de la manufactura textil de Inglaterra y Cataluña, alcanzando su apogeo entre los años 1760 y 1792. También el sistema de navíos sueltos, implantado por la corona española desde 1778, había favorecido el comercio. Sin embargo, la exportación del producto hacia los puertos españoles desde el Reino de Guatemala, y los flujos comerciales en la parte septentrional del istmo (que incluía a San Salvador), era dominada por los comerciantes de Guatemala, vinculados a su vez con las casas comerciales de Cádiz. Precisamente, la prosperidad del añil conformó una nueva elite de criollos y también inmigrantes españoles que se radicaron en la Ciudad de Santiago de los Caballeros y posteriormente en Nueva Guatemala de la Asunción. Aunque en pocos en número, ellos lograron controlar el comercio interno. La familia Aycinena era la más prominente entre la aristocracia guatemalteca, y entre sus haberes se contaban haciendas de ganado en Guatemala y de añil en San Salvador, además de almacenes y tiendas de menudeo en esta ciudad y San Vicente.
En general, las demás provincias centroamericanas se encontraban a merced del monopolio mercantil de la Ciudad de Guatemala, que tenía el respaldo de la corona española. Por tanto, aunque la mitad de la producción de añil para exportación provenía de los llamados poquiteros de El Salvador, Honduras y Nicaragua, era la aristocracia guatemalteca la que establecía los precios; tenía la capacidad de comprar a los grandes productores; concedía préstamos; y obligaba a los demás provincianos a llevar sus productos a Guatemala para venderlos en tiangues y ferias. También tenía la ventaja de la cercanía de aguas navegables, que la comunicaba con Santo Tomás de Castilla, y contaba con el Real Consulado de Comercio, que le ayudaba a controlar el monopolio del comercio exterior.  El dominio guatemalteco incrementó las protestas de las otras provincias, principalmente entre los años 1770 y 1790, el tiempo de mayor actividad de la industria.


Tomado de Wikipedia, La enciclopedia Libre

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